martes, 12 de junio de 2012

Desde "NUEVO BASKET"

Ganar o...¡¡¡ganar!!!

Por Mario Fernández

En el deporte profesional, y más a estas alturas de la temporada, no descubro nada si digo que de poco sirve otro resultado que no sea el de la victoria. Por una razón u otra, todo se traduce a una necesidad extrema por conseguir ganar. Ascensos de categoría, finales de competiciones, accesos a Europa, etc. todo se reduce a la tan repetida idea del “aquí y ahora”. Y es que la memoria en el deporte es un concepto inestable debido a la obligatoriedad por mantener un prestigio que sí conlleva el peso de la historia. 
 
Un claro ejemplo de lo que anteriormente comento es el Playoff actual. Situación de código rojo, alerta máxima en ambos equipos. A nadie le vale perder porque no hay más oportunidad que esta. El Madrid porque no puede desaprovechar una situación tan favorable como la de jugarse la consecución del título en su propia cancha, ante su afición y con la firme sensación de no tener que apelar a la épica para ganar sino basándose en un sólido juego colectivo que nos tiene encandilados a más de uno. Y el Barcelona porque debe autoexigirse el rencontrarse con el equipo que seguramente ha sido, y es, referencia a nivel europeo de los últimos 3-4 años en muchos sentidos del juego. Para bien o para mal, al Madrid no le suma puntos haber ganado la Copa del Rey ni al Barcelona la Supercopa. Del pasado no se vive… ni consuela en muchos casos. La historia se rescribe cada día en el parquet. 

Pero, ¿y cómo se sienten hoy los jugadores sabiendo que van 2-1? Yo viví una situación similar en el 2006 cuando con el CAI jugamos el cuarto partido de ascenso contra Murcia, en Murcia y con el resultado adverso de 2-1. En aquel viaje compartí habitación con Alberto Angulo. Para quien no se acuerde, Alberto fue MVP del título que el Madrid ganó en el Palau en el quinto partido de la final ACB con Scariolo en el banquillo y Herreros, Djordjevic & compañía como compañeros. Es decir, sabía lo que era experimentar una situación de máxima tensión en un ambiente hostil. Pues bien, nos pasamos el día entero hablando, conversando, debatiendo. En definitiva, intentando abstraernos de una realidad donde la tensión se podía hasta palpar. Recuerdo perfectamente la noche previa de aquel partido, eran las 5 de la madrugada y Alberto seguía leyendo, yo estudiando… O simulando que lo hacíamos. La importancia del presente no tenía en cuenta los méritos del pasado.

Imagino que nadie tiene la fórmula mágica de cómo hacerlo, pero todos sabemos el resultado que nos permite aprobar con nota: Ganar… o ¡¡¡ganar!!!

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